El fin de un ciclo en Fuerza Popular y las señales de una implosión.

Por: Gustavo Mohme Llona
Una cascada de sucesos indica que la crisis interna de Fuerza Popular es severa; los reveses judiciales y el aislamiento en la sociedad han impactado en el partido que domina el Legislativo sacudiendo el grupo que hasta hace muy poco hacía gala de una supuesta fortaleza y unidad.
A la renuncia del legislador Francesco Petrozzi, que abandonó el partido acusando a su dirigencia de autoritaria y confrontacional, se suman el pedido de licencia de la bancada parlamentaria del actual presidente del Congreso, Daniel Salaverry –supuestamente para recuperar un perfil imparcial en el manejo del Congreso– y la dimisión de las voceras de la bancada, Úrsula Letona, Alejandra Aramayo y Karina Beteta, elegidas solo hace tres meses por el periodo de un año.
Estos hechos se encuentran relacionados al estallido de la presión interna a raíz de la detención de Keiko Fujimori, uno de cuyos efectos en el aspecto político fue confirmar la existencia de un sistema de gobierno partidario rígido y excluyente, absolutamente personalizado en la líder del partido y de una pequeña guardia pretoriana con la que la excandidata presidencial ha tomado sus desacertadas decisiones los últimos años.
Fuerza Popular experimenta la reacción crítica de los parlamentarios de fila a los cuales se les ha expropiado su condición de representantes elegidos por el voto popular, los que no pertenecen a la lista de Telegram llamada ‘La Botica’ y a los cuales no les consulta las grandes decisiones legislativas, tal como lo ha revelado uno de los testigos protegidos del fiscal José Domingo Pérez.
Sea por un instinto de conservación o por el deseo de sacudirse de la férula autoritaria interna, o por ambas razones, la bancada fujimorista ha llegado a la conclusión de que el curso de confrontación y de encono nacional debe dejar paso a una etapa de cooperación y de diálogo. Adelantándose a este clima, supuestamente nuevo, un grupo de legisladores se reunió con el presidente Martín Vizcarra, una iniciativa que ha sido rechazada por las voceras renunciantes. En cualquier caso, la sensación de que este grupo vive una implosión más que un cambio de ruta, es atendible.
Toda corrección debe ser bienvenida. De hecho, su simple enunciado implica que quienes cuestionamos el estilo disolvente de la oposición fujimorista primero contra PPK y ahora contra Vizcarra, y que fuimos igualmente objeto de las maquinaciones de Fuerza Popular, estábamos en lo cierto. Por la misma razón, un giro de esa envergadura no puede ser realizado fácilmente sin dejar de lado la sospecha sobre la veracidad del supuesto cambio.
Por lo pronto, la principal promotora de la confrontación, su símbolo y directora, Keiko Fujimori, se muestra reacia a aceptar su responsabilidad en los resultados, descargando la culpa en su bancada, aduciendo que son los congresistas los que toman las decisiones y no ella, un pésimo inicio que hace sospechoso el cambio anunciado, convirtiéndolo en coartada.
F. https://larepublica.pe/politica/1343051-cambio-o-coartada

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